Buenas tardes a todos y todas, presidente, Gustavo Petro, vicepresidenta Francia Márquez, presidente de la COP 15, ministro de China, Canciller, ministros, ministras, gobernadora del Valle, y alcalde de Cali, y todos los delegados y delegadas que decisivamente aceptaron esta convocatoria del Gobierno de Colombia.
Fue por una casualidad que tendremos dos años de discusiones ambientales en América Latina, COP 16 de Biodiversidad, en Cali, Colombia, y COP 30 de Clima, en Brasil. Pero tal vez estas casualidades no existen. Viniendo de un país en el que después de 60 años de conflicto armado, con esta diversidad cultural de pueblos, de cruces de caminos, con una de las mayores diversidades ecológicas del mundo, pero que por tantas décadas nosotros mismos ni siquiera podíamos apreciar por estar bajo el dolor insufrible de la guerra, del conflicto, de la masacre, del genocidio que también ocurrió, de un país que busca con un respiro consolidar esa paz, y empieza a descubrir, maravillado que esas zonas que por años no podíamos siquiera entrar, eran de las zonas más biodiversas, más importantes, más ricas del mundo.
Pero hoy también es el reto de consolidar en esas zonas, en esos biomas, en un país que es al mismo tiempo Pacífico, Amazónico, Andino, Caribe y Orinocense; de lograr consolidar esa paz, nos hemos dado cuenta de que no se puede consolidar la paz en un territorio sin la inclusión de la diversidad, sin la inclusión de los saberes específicos, sin hacer también paz con la naturaleza.
Y por eso desde esta experiencia, desde esta búsqueda vital, que como dijo el presidente Petro, también está hoy en el corazón del mundo, Colombia es anfitrión de esta COP 16 para invitar al mundo a buscar esa paz con la naturaleza. En un momento oscuro, en un momento en donde lo que vemos es que la salida no es a través de la política, la salida está siendo a través de la guerra, está siendo a través de acabar con el otro, no de incluir al otro.
Y mientras gastamos el tiempo valioso de esta transición y los recursos que para la guerra sí aparecen rápidamente, pero que, para el cuidado de la vida, la biodiversidad, la transición climática, son escasos y difíciles de conseguir, y los acuerdos complejos, necesitamos buscar un cambio de visión, de paradigma.
Para nosotros esa Paz con la Naturaleza implica un cambio conceptual en los valores. La naturaleza no es un recurso, la naturaleza es la fibra de la vida que hace que nosotros mismos también seamos posibles. Y por lo tanto significa que podríamos conjuntamente, con la herencia que recibimos de la presidencia de China, de esas 23 metas del Marco Kunming-Montreal, que no son retóricas, que fue un gran resultado del multilateralismo, que fue un resultado importante de la negociación internacional, que ha generado también una movilización de todos los actores de la sociedad, que empieza a generar curiosidad en todos los sectores del gobierno, porque cuidar la biodiversidad no es un problema del ministro o la ministra de Ambiente. Pero también que empieza a generar una movilización de toda la sociedad.
Bajo ese legado del Marco Kunming – Montreal, tenemos entonces que dar un paso más adelante. No se trata solamente de mecanismos de implementación, se trata en el fondo de recomponer la forma que vivimos, de recomponer el modelo de desarrollo, de recomponer, de repensar, de redescubrir cómo vivimos conjuntamente en la diversidad, en un sistema que no genere permanentemente a la naturaleza como una víctima del desarrollo, que por el contrario nuestra propia reproducción como sociedad, reproduzca la vida. Y eso puede ser hoy visto como un gran riesgo, el riesgo climático, el riesgo de la pérdida de biodiversidad que causa ya desastres en 25% de la superficie de la tierra, que ha perdido toda capacidad de producción, de tener agua, que se ha desertificado.
Pero también puede ser una gran pregunta de confluencia, de propósito común, de innovación, de búsqueda del futuro. ¿Cómo repensamos toda la sociedad, toda la economía, todas las formas de vivir, todas las lógicas de desarrollo, haciendo Paz con la Naturaleza? Y esa pregunta, a la que no tenemos una respuesta clara, requiere de un especial cuidado.
Hemos visto cómo aceleramos la transición energética, cómo aceleramos la descarbonización, que es absolutamente fundamental, porque si no estabilizamos el clima, tampoco los ecosistemas de la naturaleza van a poder adaptarse a las nuevas condiciones. Pero esa transición no puede ser a costa de la vida misma. Esa confluencia tiene que encontrar en la naturaleza su principal aliado para transitar. Son dos movimientos fundamentales y simultáneos, descarbonizar y recuperar la naturaleza perdida, restituir la naturaleza perdida para que sea ella la que vuelva a tomar el control de las fuerzas de la vida en el planeta.
Y no es simplemente una idea retórica. Por la extracción de recursos, por el uso extractivista de recursos naturales, generamos hoy 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero al mismo tiempo esto se constituye en lo que en un 90% está causando también la pérdida de biodiversidad. Pero, por otro lado, recuperar poderosamente los ecosistemas y la naturaleza puede contribuir en casi un 40% a la solución de estabilizar el clima y el ciclo del carbón.
Así que son dos agendas conjuntas. Así que una no puede ser el sacrificio de la otra. Y por lo tanto, es aquí en el foro mundial de la política donde debemos pensar esos mecanismos y generar esas regulaciones, esos procesos de acuerdos multilaterales para que precisamente podamos, en este mundo, muy peligroso en este momento, generar estos dos movimientos.
Queremos darles la más calurosa bienvenida a Cali, Colombia. Es una región de las más diversas cultural y ecológicamente, no solo de Colombia, sino también del planeta. Por eso, en esta COP 16, en donde invitamos a hacer Paz con la Naturaleza, es imposible hacerlo sin la diversidad cultural y sin la movilización de toda la experiencia humana. El mundo es un mundo de alta incertidumbre. Tenemos que recoger la experiencia que ha pasado por este planeta de todas las civilizaciones, de todas las culturas, de todo el conocimiento.
Es en ese diálogo de saber entre lo ancestral y las raíces fundamentales de nuestro conocimiento de la ecología de la vida, con la capacidad científica que podríamos generar una transición, ya no para regresar al pasado, sino para generar por lo menos, unas condiciones vivibles, relativamente estables para una nueva sociedad que se forjará a la luz de la crisis. Pero como se forjará a la luz de la crisis, se debe forjar también a la luz de la movilización y de los pueblos. Y por eso hemos convocado a que esta sea la COP de la gente.
Ayer, en un encuentro de los más de 100 encuentros PreCOP, que se realizaron para que realmente la apropiación social de este encuentro no se quede solo entre estas cuatro paredes, un niño de 16 años, en el encuentro de niños por la biodiversidad, nos contaba cómo él lleva siete años en relación con las hormigas. Nos contaba que las hormigas, después de observarlas durante siete años atentamente, son de varios tamaños, de varios colores, de varios comportamientos. Y nos decía con emoción, pero sobre todo nos hizo la siguiente pregunta. Yo vi, ministra, yo veo cómo las hormigas, sin hablar, se comunican y son capaces de coordinarse para construir grandes cosas. Ojalá la COP 16 en Cali sea ese primer objetivo, ese primer lugar donde las hormigas, sin hablar, se juntan para movilizar la vida y movilizar la paz con la naturaleza.
¡Bienvenidos y bienvenidas, juntos podemos hacerlo!